La vida no es como en las películas. Ni como en las series. Ni siquiera lo que se relata en las novelas que intentan, pobremente, reflejar la realidad.
La vida tal como la estaba viviendo yo, a mis escasos 27 años, era un cúmulo de aburrimiento. Basado en la repetición, día a día, de las mismas y lamentables actuaciones, en la misma y eterna obra de teatro, que jamás iba a debutar en cartel.
Desde siempre, quería ser actor, y poder hacer un musical en Broadway, esa era mi máxima aspiración. Pero había caído en la peor de las compañias de la isla, y ello implicaba que nunca saldría de la isla para hacer algo decente.
Si es que lograba hacer algo aquí.